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Mi visión

En los últimos años la preocupación por la salud mental viene ocupando un lugar central en el debate público. En este contexto, la demanda de la psicoterapia en el ámbito privado y, en paralelo a la ausencia de recursos públicos que la sostengan, ha crecido exponencialmente junto con otras prácticas dirigidas al bienestar.

Bajo estas circunstancias, lejos de querer ser una empresaria de la alegría, entiendo mi práctica, desde una perspectiva crítica que  está en constante transformación .

 

La práctica desde un posicionamiento crítico requiere, entre otras, de un trabajo arqueológico que consiste en la revisión de la salud mental a lo largo de la historia moderna  y en la recuperación e investigación continua sobre otras formas de hacer y pensar que han sido excluidas de los contextos hegemónicos. ​

 

Es urgente pensar modelos menos jerárquicos y más colectivos de salud mental que no olviden las violencias históricas ejercidas al interior de las instituciones en nombre de la salud y que han condicionado la vida de muchas personas.

Si bien hay ciertos dolores o sufrimiento en el marco psicoterapéutico que son, inherentes al proceso y al desarrollo de la vida, desde una mirada feminista, entiendo que es conveniente tener presente nuestros contextos, la realidad material que habitamos y los malestares estructurales que nos atraviesan e influyen en el modo de subjetivarnos. 

 

Por ello, mi​ práctica parte de una mirada no patologizante y crítica con la tendencia a individualizar y sobrediagnosticar el malestar, entendiendo que la salud y el sufrimiento psíquico están además profundamente vinculados a las condiciones materiales, sociales y afectivas de nuestras vidas.

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Imagen de mujer en el hospital de La Salpêtrière recogido en Iconographie Photographique de La Salpêtrière (1876-1880)

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